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La lucha por salvar los cedros de Dios



Domingo 16 de septiembre de 2018, por (abc)

El rey Salomón levantó su templo en Jerusalén con madera de Cedrus Libani, la variedad de cedro que crece en las montañas libanesas. En el corazón de la Ciudad Santa donde ahora se ven la mezquita de Al Aqsa, el Domo de la Roca o el Muro de los Lamentos, se alzaba en el 960 AC este templo en el que Salomón «recubrió las paredes interiores del edificio con planchas de cedro, desde el pavimento del templo hasta las vigas del techo, revistiendo así de madera todo el interior (…) (Libro de los Reyes, capítulo 6). En aquella época este tipo de árbol cubría buena parte de lo que ahora es Líbano y se extendía por Siria y el sur de Turquía… más de medio millón de hectáreas que servían para proporcionar madera a templos y palacios de fenicios, egipcios, asirios, babilonios… y hasta al sistema de ferrocarril del Imperio Otomano. Una tala masiva con la que empezó el declive de esta conífera que hoy en día se enfrenta además a los incendios y a los efectos provocados por el cambio climático.

Mencionado en decenas de ocasiones en la Biblia, además de madera para la construcción, este árbol también aportó aceite (Cedri Succus) para los procesos de momificación en Egipto. En el siglo XXI la madera no llega a Jerusalén, no solo porque la frontera entre Israel y Líbano está cerrada a cal y canto por los problemas políticos, sino porque es una especie protegida que apenas ocupa 17 kilómetros cuadrados diseminados en nueve arboledas, situadas sobre todo en la parte norte. El cedro libanés crece en zonas montañosas y necesita nieve y lluvia para sobrevivir, un clima frío. El calentamiento global hace que los inviernos sean cada vez más cortos y menos duros en Líbano, lo que provoca también nuevas enfermedades a las que esta especie no se había enfrentado hasta ahora y que, según los expertos, amenazan su supervivencia.

Insectos como el cephalcia tannourinensis, una avispa de la madera que apareció a finales de los 90 en la Reserva de Tannourin, la más grande del país, se han convertido en una pesadilla para los encargados de velar por la supervivencia de esta especie. «El cambio climático hace que algunos insectos sean más activos y causan más problemas que debilitan al cedro haciéndole más vulnerable a nuevas enfermedades que pueden acabar siendo mortales. El hecho de que cada vez el periodo de nieve sea más corto y el verano menos húmedo han convertido al cephalcia tannourinensis en un serio defoliador del cedro», según declaraciones del doctor Nabil Nemer, de la Universidad Espíritu Santo de Kaslik, al diario The Guardian.

El Bosque de Dios
El área más conocida de cedros en Líbano es el Bosque de los Cedros de Dios (Horsh Arz el-Rab), situado en pleno valle de Kadisha e incluido por la Unesco en 1998 en la lista de patrimonio de la humanidad. «En este bosque hay 2.500 cedros, de los cuales 150 superan los 1.500 años», informa Charbel Tawk, agrónomo y secretario del Comité de Amigos del Bosque de Cedros. Los problemas para sobrevivir de esta especie que aparece en la bandera nacional, en los billetes de la libra libanesa y hasta en los aviones de Middle East (MEA), la aerolínea nacional, llevaron a la creación de comités como este que surgió en 1985 y desde entonces «trabajamos en la conservación del Bosque de los Cedros de Dios, que no es el más grandes del país, pero sí el más simbólico, y también en la reforestación de toda la zona», explica Tawk, un apasionado de la naturaleza que lleva 15 años como miembro del grupo. Pese a la amenaza que representa el cambio climático y las nuevas plagas de insectos, no quiere ser alarmista y confía en los frutos de la reforestación.

Apadrine un árbol
Asociaciones privadas y organizaciones no gubernamentales son las que llevan el peso de la reforestación en un país en el que «los ministerios de Agricultura y de Medio Ambiente no son muy fuertes. En nuestro caso pusimos en marcha una campaña de reforestación en el 2000 y ya hemos plantado 150.000 árboles de diferentes especies autóctonas», apunta Tawk. En el caso concreto de los cedros lo que está en marcha es una «estrategia de esponsorización en la que ya hemos logrado que 4.000 árboles tengan un padrino. Cada cedro tiene un número y se le coloca una placa con los datos del benefactor», informa el responsable del Comité de Amigos del Bosque de Cedros, quien celebra que haya también donantes de bosques como el multimillonario mexicano libanés Alfredo Harp Helú, primo de Carlos Slim, cuya fundación (FAHHO) ha donado 40.000 ejemplares que están plantados en una superficie de 200 hectáreas. En el comunicado realizado por la FAHHO para anunciar esta donación, destacaron que “muchos pensaron que el cedro no creció como otras especies a partir de una semilla, sino que Dios quiso distinguirlo y por eso lo plantó con sus propias manos y le dedicó atención y cuidado”.

Nueva altura, más frío
«Los libaneses gritamos que ‘el cedro es nuestra identidad’. Es el emblema que figura en nuestra bandera para representar la inmortalidad y es el factor que mejor define la cultura libanesa. Además se trata de una especie muy importante capaz de generar un hábitat seguro para la fauna», opina la doctora Maya Nehme, directora ejecutiva de la ONG Iniciativa para la Reforestación del Líbano. Esta organización, surgida en 2014 fruto de un proyecto respaldado por la agencia de cooperación estadounidense (USAID), organizó el año pasado una campaña bajo el lema «For it, To Stay on the Flag» (por él, para que siga en la bandera) para analizar el impacto del cambio climático en los cedros de la zona de Maaser El Chouf. Esta iniciativa culminó con una gran jornada de plantación en la que dos mil voluntarios llegados de distintas partes del país se dieron cita a 1.900 metros de altitud para plantar cedros.

Pese a la intensa labor de reforestación «la amenaza continua y en zonas como Maaser El Chouf los cedros crecían en una altitud máxima de 1.800 metros. Debido al cambio climático los árboles deben emigrar a los 1.900 para encontrar un lugar más frío. El problema es que hay otras zonas como el bosque Barouk en las que no es posible ascender», lamenta la doctora Nehme. El cedro resiste como emblema de la bandera libanesa y también en las laderas de las montañas más elevadas del país, cada vez más arriba en busca de ese frío salvador que le permita crecer con la lentitud que precisa y sobrevivir al cambio climático.


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